viernes, 9 de marzo de 2007

La cultura peruana

¿Existe una “cultura peruana”? Es una pregunta difícil de responder, me atrevo a decir que no. Mi fundamento es simple. En primer término no existe cultura única, exclusiva para sociedad alguna. La cultura es suma pero también es equilibrio entre diversas expresiones y creaciones humanas. Si existiera la cultura única tendría que ser obra de una sociedad autoritaria y excluyente.
En nuestro país, a pesar de que los sectores vinculados al poder intentaron postergar, cuando destruir, la “cultura popular”. Esta última siempre resistió. Cabe aclarar que al referirme a una cultura popular no estoy hablando tampoco de un fenómeno compacto y homogéneo ni siquiera de lo “tradicional”. Me refiero más bien a un fenómeno cambiante, diverso. A la “cultura viva”, que en cada región o espacio del país tiene matices muy distintos e incluso antagónicos. Dicha cultura es resultado de la creación constante e inagotable del imaginario colectivo e individual de los habitantes de este territorio.
Flores Galindo, al tanto de esta premisa y para citar un ejemplo, no creía que la “utopía andina” pudiera articular la sociedad peruana en un solo proyecto cultural o de nación (“Buscando Un Inca”). Algo similar señalaba Mariátegui al reclamar para la creación de lo que el llamaba el “mito” la participación de la cultura europea y (“Peruanicemos al Perú”) Castoriadis por otra parte habla de la necesidad de creación ex nihilo, es decir de la nada (“La institución Imaginaria de la Sociedad” parte I). La creación nueva, que es también recreación pero que al mismo tiempo incorpora elementos totalmente originales productos de la vivencia cotidiana, actual.
Algunos peruanos, como Manuel Gonzales Prada a quien Luis Alberto Sánchez llamara “Don Manuel” y que tanto Mariátegui como Haya de la Torre reconocen como precursor de las ideas “progresistas” en el Perú y porque no en Latinoamérica, se abocaron en cuerpo y alma a la interpretación e interpretación de la cultura peruana. Otro al que es importante recordar es Porras Barrenechea, además está Jorge Basadre y la lista es un poco larga así que mejor lo dejamos allí. De lo que se trata además no es de realzar a grandes personajes sino que a través de dichos peruanos podamos entender el espíritu de las gentes que viven o vivieron en este país.
Un problema que ha existido siempre es que la auscultación del espíritu del hombre peruano se ha hecho justamente a través de la revisión de los grandes nombres, de los héroes, de los intelectuales, pero muy pocas veces se ha estudiado e investigado al hombre común y corriente, la ciencia exige tal estudio. No basta con revisar a los privilegiados a los cultos, y los incultos qué, ellos también crean, ellos poseen una cultura que les es propia y que muchas veces no coincide con la de la clase dominante.
Los intelectuales muchas veces son elementos constituyentes, cuando no “esbirros”, de las clases dominantes. Como es obvio les es muy difícil la empresa de una interpretación cabal del espíritu del hombre peruano sin los prejuicios propios de su cultura, de su espacio.
La vitalidad del proceso cultural descansa sin embargo en las mayorías, ya lo dijo alguna vez Vallejo “Todo arte o voz genial, viene del pueblo y va hacia él”. Orwell en su novela “1984” hablaba de los “proles” como los llamados a provocar el cambio, la liberación de ese mundo de tinieblas que tanto se asemeja al que vivimos actualmente.
Se acusa a las actuales generaciones de no tener valores, de debilidad espiritual y una serie de perlas más. Sin embargo la crisis por la que tantos de nuestros mayores se rasgan las vestiduras una y otra vez cual modernos Isaacs no es más que la consecuencia de vivir un sistema social, político y económico sustentado en la barbarie.
¿Qué es la prédica de la competitividad sino barbarie? Competir es necesariamente excluir. La “meritocracia” se instituye aceptando solapadamente el demérito ajeno…
Bueno, hasta aquí este esbozo del diagnóstico que ya muchos se habrán hecho o habrán intuido sobre la cultura peruana. El reclamo de las mayorías por hechos y no sólo palabras es auténtico.
Las tareas principales son dos. Una es pedagógica y la otra de organización. “Cuando el pueblo sabe no lo engaña un brigadier” dice Piero en una canción. Nuestro pueblo se encuentra hambriento, famélico pero no de pan sino de conocimiento, y conste que conocer no es lo mismo que estar informado. Uno puede estar informado y no ser capaz de afrontar y resolver problemas. Se trata de resolver problemas a partir de mayores conocimientos. Conocimientos que no sólo sean producto de la experiencia, pues como sostiene mi amigo Escobar: de experiencias si que estamos bien apertrechados. Que sean resultado de investigación ardua, concienzuda, científica. La tarea pedagógica es apta para cualquier hombre o mujer libre. “Todo estar es de escuela inadvertida, quien no es maestro a quien que todo es duda”, le tomo los versos al poeta Adan y es que es así, hay que enseñar a cada paso sin darnos cuenta, construir una ética a partir de nuestras acciones y no sólo de nuestros discursos.
La otra tarea es la de la organización. Esa es quizá la más difícil y es que nuestro más grande problema como país no es nuestra ignorancia, al contrario individualmente podemos decir que tenemos una población bastante inteligente y creativa. El problema principal es pues que las inteligencias individuales puedan trabajar juntas, dejar a un lado egoísmos, y allí está otra vez el fantasma de la “competitividad”, mal bicho invocado por los darwinistas sociales de toda laya.
Encontrar formas de oraganización que permitan la expresión de esa inteligencia individual tan rica en nuestro país eso es el reto, esa es la gran tarea. Deponer intereses individuales que son en realidad inmediatistas y que a la larga hacen inviable nuestro país. Pensar la cultura no como algo homogéneo, único indivisible sino como un mosaico, como muchos capaces de convivir y de compartir y de trabajar juntos.


Ricardo Rios (Rici)

3 comentarios:

ricardo rios dijo...

EL SAPO Y LA GOLONDRINA
“Una golondrina no hace verano”
Cuentan que hace mucho, pero mucho tiempo vivía en una charca ubicada en lo profundo del bosque un sapo viejo y maltrecho.
Este señor había consagrado su vida al estudio, tan intrincado como inútil de cada uno de los sabores que los distintos insectos que a su charca llegaban producían en su paladar. Se consideraba una eminencia en el tema y a todo aquel que acertaba pasar por allí. Este señor sapo, renegón y ufano le soltaba, muy seguro de estar diciendo algo importante, su discurso ridículo y pedante: ¿Sabía usted que las patas de mariposa saben a cielo? ¿Y que los ojos de hormiga son ligeramente agrios y picantes?
Por supuesto que a nadie hacía gracia semejante “erudición”. Habíase ganado, con todo derecho, fama de orate nuestro señor sapo.
Una golondrina que había oído con atención las historias referidas al “sapo loco del estanque escondido”. Se preguntaba intrigada ¿Qué misterio habrá en el corazón de ese sapo que tiene que hablar tales barbaridades para llamar la atención?
Debe ser un alma rota, una herida insoportable. De sólo pensar en ello la pobre golondrina no podía contener las lágrimas.
Decidió idear un plan para conocer más a fondo el alma de aquel sapo. Obviamente, como es evidente, nuestra golondrina tampoco estaba completamente cuerda. Un dolor intenso moraba en su ser.
Es justamente ese mutuo dolor al que inexorablemente arrastró uno hacia el otro a estos dos personajes.
Pero continuemos con el relato. La golondrina decidió espiar al sapo. Desde una rama escondida y cubierta de musgo verde para que la confundieran con una hoja o alguna protuberancia del tronco del árbol. Sofía, que ese era el nombre de nuestra golondrina, observaba con interés los movimientos del sapo loco.
Era muy cómico, no sólo hablaba solo sino que también cantaba y caminaba bailoteando muy despreocupado de lo que sucedía a su alrededor.
Es un alma encantadora en realidad, tierna, infantil y alegre. Pero está solo, igual que yo se ha acostumbrado a esa soledad y su discurso es una muralla que lo separa del resto de los seres. Pensando esto a Sofía se le salían las lágrimas. De pronto, fue tanto su llanto que se formó una charca al lado de la charca del sapo.
El sapo loco al notar semejante intromisión en su hasta ahora invicto aislamiento monto en cólera. ¡Quien osa tener una charca como la mía en de este bosque, grito enceguecido de rencor.
La golondrina sacudiéndose del musgo que la disfrazaba le dijo: Perdone señor sapo soy una admiradora suya. Me contaron que nadie en el bosque es más sabio que usted y vine a que me inicie en los ocultos misterios que usted tan bien conoce.
¡Yo no tengo discípulos! Gritó el sapo. Mi magisterio es de todos y para todos es una de las voces del espíritu del bosque. Además querida. Sabes como yo que nada tengo que enseñarte.
Permítame que viva un tiempo aquí señor sapo, se lo ruego.
¡No, lárgate!
Y la golondrina, cabizbaja con una moral herida entre ala y ala se fue volando y su vuelo era triste, infinitamente triste.
El sapo estaba solo, definitivamente solo. Y por fin soltó una lágrima. Lo sabía, había perdido su última esperanza.
Amaneció y el sapo estaba tirado como una pequeña mancha verde en medio de la charca. Muerto, solo invenciblemente solo para siempre.
La golondrina lo presintió. Desesperada volvió a la charca. Allí estaba el sapo y decidió quedarse con él para esperar la llegada de la porca.
No comía ni bebía y sin embargo nada. La muerte no me quiere se decía la golondrina. Una noche una voz le habló, era el sapo loco, también te amo Sofía. Solo era una voz pero Sofía se alegro muchísimo ¡Gracias señor sapo! ¡Muchas gracias!
Y la vida venció nuevamente.

Esta es una fabula sobre la soledad, bueno. A ver si alguien la comenta.

ricardo rios dijo...

EL PROFE
Soy profesor sabes en una escuela pequeña con luz y sin ventanas.
Filosofo para ganarme el pan
Y mi lugar bajo el techo de estrellas.
A veces soy poeta como tú, como el zapatero,
Como aquel muchacho parado en la esquina.
Pero cuando me convierto en eso
Las cosas pesan más, la espalda se hace ancha
Para sostener el peso de tantas cosas.
Y el que vuela no soy yo
Es un fantasma mío,
Porque yo ya estoy muerto.
Mis dedos, sin embargo, han crecido
Para teclear la máquina, para escribir tanteando.
Mis uñas han crecido y ya parecen garras
Con ellas puedo tocar tu corazón, amiga.
Pero no temas. No temas a este inocuo
Maestro de ignorancia.
Teme más a esa coraza
Con que te andas cubriendo.
Ella es tu verdugo, no yo.
Yo tan solo te conozco, amiga.

ricardo rios dijo...

LA FLOR AZUL Y EL COLIBRI

“Con especial cariño para Dianely”
Tan sólo un tímido capullo era
De nacarados pétalos y fragancia sutil.
La color apenas fulguraba
En su cáliz perfecto e infantil
El colibrí que por allí pasaba
Viéndola sus alas dejo de abatir.
Estupefacto bajó la mirada,
Su corazón pareció sucumbir.
¿Qué sensación es esta
-El colibrí pregunta-
Qué me siento morir
Y más vivo estoy que nunca?
Deja de ir buscando de flor en flor el néctar
Deja de ir volando de aquí para allá
Pero nunca jamás olvida regresar,
Para beber en su amada la miel del amor
Ya no es más aquel tímido capullo
Segura de su beldad abre orgullosa sus pétalos
Pero tan solo el colibrí conoce
El secreto manjar que de su ser brota.
Enloquecido vuela el colibrí
En frenesí violento se agitan sus alas
Mas su locura es felicidad
Porque solamente los locos aman
Como la flor azul y el colibrí.